Nunca lo va a tener tan fácil. El norirlandés Rory McIlroy ha recuperado el cetro mundial del golf sin haber dado un palo al agua, o sea, sin competir. Y eso que no lo tenía fácil. Al hasta ayer número uno del mundo, el inglés Luke Donald, le bastaba con finalizar entre los ocho primeros en el RBC Heritage del Circuito Americano para retener la corona como rey del golf mundial, al menos según la estadística de los rankings. Sin embargo, la decepcionante actuación de Donald en ese torneo estadounidense ha devuelto el número uno mundial a McIlroy. El inglés acabó a 16 golpes del ganador, el sueco Pettersson, y muy lejos de esos primeros puestos de la clasificación que le hubieran mantenido al frente del ranking planetario. El norirlandés se lo está tomando con calma y no le preocupa demasiado pelear por ser el número uno mundial. De hecho se tomó la semana libre después del Masters –aprovechó para viajar a Copenhague a visitar a su novia, Caroline Wozniacki– y tiene previsto permanecer alejado de la competición durante un par de semanas más, para reaparecer en el Wells Fargo Championship en Charlotte, Carolina del Norte. McIlroy también mostró sus emociones por Twitter: "Otra vez número uno sin tocar un palo de golf esta semana... ojalá fuera tan fácil". El récord de vigencia en el número uno lo tiene Tiger Woods, con 281 semanas consecutivas y casi el doble a lo largo de su carrera.


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