Las Brisas Golf Marbella

El campo costasoleño cuenta con árboles de África, Asia, Australia, América y Europa

Cuando José Banús encargó el diseño del campo que tenía en mente, el Club de Golf Nueva Andalucía, al mítico arquitecto norteamericano Robert Trent Jones, no sólo quería un buen campo de golf, sino que pretendía mucho más que eso. Y sin duda lo logró.

Las Brisas es uno de los mejores recorridos de Europa y una de las más atractivas criaturas del norteamericano, artífice también, entre otros, de Sotogrande, Los Naranjos y Valderrama. Tiene además algo que lo hace único, en nuestro continente seguro y posiblemente en el mundo: es un auténtico jardín botánico.

Banús, en uno de esos rasgos de genialidad que le caracterizaban, encargó la jardinería y la arboleda del campo al paisajista inglés Gerald Huggan, que acababa de regresar de Kenia, donde había diseñado los jardines de Nairobi.

Gran especialista en plantas subtropicales, Huggan convirtió Las Brisas en un verdadero santuario botánico con árboles de todos los continentes. Centenares de especies originales de África, Asia, Australia, América y Europa jalonan las calles de un campo de golf situado en el corazón de la Costa del Sol, en el famoso Valle del Golf de Marbella.

Aquí se pueden ver y disfrutar especies como el Castaño del Cabo y las Acacias Espinosas, de África; el Laurel de la India y la Higuera Mysore, de Asia; de América el Palo Borracho y el Fresno Verde (oriundo de México); y la Acacia Negra y el Trasparente, de Australia, entre otras. Todo esto junto a múltiples especies de palmeras y árboles mediterráneos que conviven en gran armonía y hacen de este recorrido de golf toda una lección botánica.

Me contaron que años después de que Huggan trabajara en el club se le perdió la pista y cuando quisieron consultarle algunos retoques, replantaciones, etc., o simplemente pedirle consejo, nadie sabía donde encontrarlo ni buscarlo. Unos pensaban que había regresado a Kenia; otros que había fijado su residencia en el Reino Unido... en fin, que no daban con él.

La casualidad hizo que de pronto un socio del club se lo encontrase: tenía casa en Benahavís (municipio colindante con el de Marbella), de donde no había vuelto a salir desde que contribuyó a hacer de Las Brisas uno de los mejores campos del su r de Europa.

 

 


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