Martin Kaymer 2011

Por Eduardo García Palacios.

No es lo que se dice la alegría de la huerta este chico, al que es difícil fotografiar con una sonrisa iluminando su rostro, pero la verdad es que lo que nos importa de Martin Kaymer no es su simpatía desbordante sino su maestría con los palos.
Ha tenido que pasar prácticamente un cuarto de siglo desde que Bernhard Langer estrenara el Ranking Mundial, donde apenas permaneció tres semanas,  para que un segundo alemán plante su bandera en la cima del Everest del golf.

Y esto se produce en un momento en que el golf europeo está sentando cátedra en el mundo. Nada menos que cuatro representantes del Viejo Continente ocupan las primeras cuatro plazas de la clasificación planetaria. Tras Kaymer acecha el destronado Lee Westwood, y a la zaga del inglés se acomodan su compatriota Luke Donald, que acaba de ganar el Mundial Match Play Accenture, y el norirlandés Graeme McDowell.
Tiger, el pobre (es un decir), se tiene que conformar de momento con la quinta plaza del Ranking Mundial. ¡Quién se lo iba a decir al hasta hace unos meses indiscutible número uno! Bueno, esperemos que su caída no sean tan acusada como la que está sufriendo nuestro compatriota Sergio García, que de ser otrora número dos del mundo ha pasado a ocupar en la actualidad el puesto 85º.
El bueno de José María Olazábal, al que le ha caído una buena –en el buen sentido– al asumir la capitanía del equipo europeo de la próxima Ryder Cup, tiene palabras de ánimo para Sergio, al que dice haber visto con ilusión y alegría, “más a gusto consigo mismo, más predispuesto a hacer lo que tiene que hacer”. Según Chema, el castellonense “está en el buen camino, y es bueno que esté ahí, le veo mejor”. Así sea y Sergio vuelva a deleitarnos con el juego que le hizo famoso y que un día, cual amante despechada, lo abandonó.
A Tiger también le dedica unas palabras  Olazábal, aunque la verdad es que no le augura un porvenir tan brillante como el que extasió al mundo durante más de una década (623 semanas al frente del ranking mundial).
“Siempre he creído que Tiger volverá a ganar, incluso grandes, pero será difícil que domine una década como hizo antes porque viene gente por detrás que es joven y los años van pasando, como a todos, pero no me cabe duda de que volverá a ganar”, vaticina el de Fuenterrabía.
Y a todo esto, ¿qué dice el interesado? Al cierre de esta edición, el californiano, a punto de empezar el Campeonato del Mundo AC en Miami, aseguró estar firmemente convencido de que su mejor forma está a la vuelta de la esquina, pese a que lleva dieciséis meses sin una victoria (desde el Masters de Australia en noviembre de 2009) y sigue descendiendo en los rankings del Circuito Americano. En el de ganancias, con dos torneos jugados, ocupaba la plaza 147º y acumulaba unos dividendos –ridículos para él– de 63.096 dólares. En la clasificación de la FedExCup aparecía en un remoto puesto 152º. En sus dos apariciones en el PGA Tour previas a la del Mundial AC, había quedado 44º (Farmer Insurance Open) y 33º (Mundial Accenture Match Play, donde perdió en la primera ronda eliminatoria). En su incursión en el Circuito Europeo 2011, en el Dubai Desert Classic, se tuvo que conformar con la vigésima plaza.
Pero vamos al lío, o sea, a sus declaraciones: “”Estoy viendo muy buenas señales. Desafortunadamente, simplemente no he sido capaz de mantener en el campo de golf un nivel consistente. Consigo muy buenos tiros y luego pierdo el rumbo por un tiempo. Sólo tengo que seguir trabajando en ello y el proceso es a veces difícil. Voy a llegar, pero simplemente aún no he alcanzado ese punto”, aseveró Woods, que ya acumula 35 años.
Su compatriota y compañero de partido en el torneo de Miami, Phil Mickelson, que en su día luchara por apearle de de la cima del golf mundial, también está convencido de que Tiger volverá ser “el de antes”. No se refiere a su faceta de mujeriego, no, sino a la que le llevó ser el número uno y seguramente el mejor golfista de todos los tiempos.
“Espero que vuelva a ser el Tiger de antes, el que todos conocimos durante la pasada década. Le pude ver el año pasado cuando jugué con él en Chicago durante el Campeonato BMW y también en la Ryder Cup, y su juego está volviendo a ser el de antes. Había recuperado su velocidad, le pegaba lejos, estaba recuperando su toque y creo que volverá”, asegura Mickelson.
Elucubraciones al margen, la realidad es que ahora el número uno del golf mundial es Kaymer, quien, por cierto, no se siente satisfecho del todo. Es un mar de dudas el chico: “No sé lo que tengo que hacer para estar muy contento y satisfecho con todo lo que he hecho. Todo lo que he conseguido es muy bueno y nadie lo hubiera esperado, pero todavía hay algo que falta y no sé lo que es… Tal vez voy a encontrarlo en los próximos doce meses”. No sé si les había dicho que este chico, además de prodigar escasas sonrisas, es un poco bicho raro.
Vamos a ver si hace caso a su compatriota Langer, que le dio un consejo tras felicitarlo por su logro: ”Dijo estar orgulloso y me aconsejó mantener el círculo a mi alrededor lo más pequeño posible”. Hay una cosa clara: su padre, el de Kaymer, no le va a fallar nunca. Y si no miren la paliza que se dio el pobre para estar junto a su retoño el día que se coronó número uno del mundo: viajó en avión durante treinta horas (quince por trayecto, de Alemania a Arizona) para ser el primero en felicitarle. “Bien hecho”, le dijo (en alemán, se supone) Horst, que así se llama el progenitor, a Martin. Y en menos de 24 horas el orgullosísimo papá se subió de nuevo al avión rumbo a Europa.
“Sólo quería felicitarme por ser el número uno del mundo”, desveló el lacónico Kaymer, la alegría de la huerta, a los periodistas.

 

 


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