Por Eduardo García Palacios 

¿Hay derecho a que pisoteen la dignidad de una persona, a qué exhiban pública e impúdicamente a un ser humano en sus momentos más delicados? ¿Le gustaría a usted que difundieran por todo el mundo imágenes de un familiar suyo agonizando tras un accidente? Por desgracia, los tiempos actuales, que no corren sino que vuelan con rumbo incierto, nos están acostumbrando a desayunar, almorzar y cenar con toda una exhibición descarnada de lo que la barbarie humana es capaz de perpetrar contra sus semejantes. Que somos animales es un hecho; lo de racionales está muy, pero que muy en entredicho.

Y viene este exordio a propósito de lo que le han hecho las autoridades estadounidenses al pobre de Tiger Woods. Y digo bien pobre porque, por mucha riqueza que acumule el bueno de Eldrick, lo que le han hecho al mejor golfista de los últimos treinta años no tiene nombre ni vergüenza.

Bastante está pasando ya el ahora estrellado y antes estrella del golf mundial como para que una imagen suya deplorable tenga que ser expuesta por todo el planeta mediático.

Aunque su situación se hubiese debido a la ingesta de bebidas alcohólicas, que no fue el caso según las pruebas que le realizaron, la imagen de  Tiger y de cualquier otra persona no puede ser arrastrada por el fango como ha hecho la policía estadounidense, con el presunto beneplácito de sus autoridades políticas.

¿A quién importa ver tambaleándose al ex número uno del mundo tratando de mantener la verticalidad de madrugada en la carretera ante unos policías que graban la escena?  Qué aportan esas imágenes a  la información, ya de por sí impactante, sino puro morbo, el ’placer’ de poder criticar al prójimo, y encima con más ahínco por ser famoso, aunque desgraciadamente sea un pobre juguete roto

La verdad es que somos muy hipócritas, empezando por los medios de comunicación, que decimos sentirnos horrorizados ante cualquier nimiedad y exhibimos sin ningún pudor toda clase de barbarie, en aras de la sacrosante libertad de información. Que un terrorista degüella a tu padre y los malnacidos difunden el vídeo... pues. nada, a primer plano y sin pixelizar. Que una bomba desmembra a tu familia: arriba el telón, repartamos carnaza a los telespectadores.

Ojalá que no le pase nunca lo que a Tiger y se libre de ser exhibido impúdicamente como si se tratara de un apestado en el moderno Santo Oficio en que se ha convertido los medios de comunicación de masas y las redes sociales de Internet.

Desahogos morales al margen, lo bueno de estos últimos tiempos es, cómo no, la consagración de Sergio García como el enorme jugador que siempre ha sido y que ha emergido supremo en el Masters de Augusta.

Estamos, como él mismo reconoce, ante un nuevo Sergio, más templado, con otra mentalidad,  que ya no sucumbe ante las pasajeras frustraciones que conlleva toda competición, y más una tan individualista como el golf.

Es una gran y gratísima noticia para los españoles que el héroe de Borriol  y su compatriota Jon  Rahm, números 5 y 10 del mundo a finales de mayo, vayan a medir sus inmensos talentos en el Andalucía Valderrama Masters. La gran cita, en octubre en el espectacular campo costasoleño, supondrá el debut de Rahm como profesional en España. Un duelo entre dos españoles top 10 mundiales es algo que no se ve todos los días.