

Sin embargo, Rory tuvo que sudar su triunfo, sobre todo por culpa de un Sergio García que elevó al máximo la emoción en la recta final del torneo, cuando llegó a estar a sólo dos golpes del norirlandés.
Pero McIlroy, a pesar de su juventud, es un jugador experimentado que no sucumbió a los nervios y, con un par de birdies claves en la última parte del recorrido, se hizo finalmente con el preciado trofeo en juego. Cerró con un recorrido de 71 impactos, uno bajo par y un total de 271 (-17), para una victoria de dos golpes sobre García y Rickie Fowler.
Con el triunfo en el Royal Liverpool, se sumó a Jack Nicklaus y Tiger Woods como los únicos jugadores en ganar tres grandes con 25 años o menos (el Oso Dorado tenía 23 y el Tigre 24). Ahora sólo le falta el título del Masters para completar el Grand Slam.
“Es un sentimiento increíble”, dijo McIlroy antes de recoger el trofeo más antiguo en el golf, la jarra de clarete. “No ha sido un día fácil. Unos cuantos se me estaban acercando. Yo simplemente tuve que mantener la concentración y seguir en el presente y realmente concentrarme en lo que estaba haciendo”, declaró.
García fue su mayor amenaza. Estaba dos golpes detrás cuando el español mandó su bola al bunker a la derecha del green del 15 y se anotó bogey. Birdies en dos de los últimos tres hoyos no fueron suficientes para alcanzar a McIlroy.
García firmó una ronda de 66 y quedó segundo en uno de las cuatro grandes citas del golf por cuarta vez.
De nuevo se quedó con las ganas, pero no hubo lamentos por su parte, sino orgullo al asegurar que el título no fue un paseo para McIlroy: “Todo el mundo se fija en el segundo (puesto) y lo considera como algo negativo, pero hice lo mejor que pude”.
Fowler, que jugó en el último grupo por segundo grande consecutivo, nunca estuvo más cerca que tres golpes de McIlroy. Jugó una ronda sin bogeys, para un total de 273.
Ésta era la primera vez que dos grandes consecutivos son ganados de punta a punta. El alemán Martin Kaymer lo hizo en junio en Pinehurst, al imponerse en el US Open por ocho golpes.
La victoria de McIlroy le permitió escalar desde la octava a la segunda posición del ránking mundial, cada vez más cerca de volver a la cima, en donde hace dos años se esperaba que iba a permanecer por mucho tiempo.
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