

Resulta curiosa la elección de Rubio, porque de golf no tenía la más remota idea. “Mi deporte siempre ha sido el tenis”, aclara. “Yo tuve la visión, una intuición, de que el golf era una inversión interesante y lo hice por eso y porque me encantó el sitio”, explica.
Desde el primer momento hizo todo lo posible para que el campo volviera a abrir, aunque enseguida surgieron inconvenientes: “Tuvimos algunos problemas burocráticos y algunas gestiones antiguas que resolver, pero al final conseguimos los permisos y pudimos abrir el campo con éxito y mucha expectación”.
Para recuperar el campo, prácticamente destruido debido a los años de abandono, contrató al prestigioso diseñador original del trazado, José Gancedo, que ‘resucitó’ el cadáver y le insufló una nueva y más esplendorosa vida.

En estos diez años desde su ‘renacimiento’, en El Chaparral se han hecho importantes inversiones encaminadas a mejorar las instalaciones existentes y ampliarlas con otras nuevas. ”Cuando llegamos aquí la casa club era una ruina”, ilustra Rubio, “y costó mucho dinero renovarla por completo”.
También se hizo el pro-shop y una nave de mantenimiento, y este año se ha renovado el parque de maquinaria, con la más moderna del mercado. Además se ha hecho un parking junto a la casa club, y la flota de buggys va a ser sustituida por una nueva, que llega el 1 de octubre. Para enero está prevista la reforma en profundidad de la tienda, que la llevará a cabo la empresa Holiday Golf. También se está trabajando en la implantación de un nuevo sistema de riego.
“Han sido inversiones muy grandes, pero los resultados son evidentes. El campo está en unas condiciones perfectas; ahora mismo está increíble”, dice, y añade que “para nosotros, Manuel Pantoja (consultor greenkeeper) es el alma mater de este campo, creo que es el mejor de España y lo está demostrando aquí”.
Sobre el recorrido de El Chaparral, Rubio alude a los comentarios que recibe de quienes lo juegan: “Cuando pregunto, la gente me dice: es difícil, ¡pero tan bonito!”.
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