

Aunque había estado muchas veces en Almería, una de las provincias andaluzas con más variedad en sus campos de golf, no conocía el Club de Golf Playa Serena.
Llegar, en mi caso, desde la Costa del Sol, no es complicado. No es un paseo, pero tampoco son horas y horas de coche. De todas formas, lo mejor es alojarse en uno de los muchos y buenos hoteles que hay en el área, muy próxima a la capital y al Cabo de Gata, un aliciente más para viajar hasta Roquetas de Mar.
Playa Serena está situado en medio de la urbanización de Roquetas, la zona residencial de casas unifamiliares enclavada frente a la playa de este pueblo del Poniente almeriense.
Es un campo muy plano que data de 1979. Diseñado por Peter Allis junto con ángel Gallardo, se hizo un poco a la antigua usanza: es muy ancho, con mucho espacio, mucha agua, buscando facilitar el juego y aproximarse a lo que puede ser un links, con las influencias del mar y el viento, aunque el campo está a unos 500 metros de la costa, separado del agua por una línea de hoteles de cuatro y cinco estrellas.
Aunque algunas calles sientan la influencia de las casas cercanas, por su anchura, casi nunca éstas entran en juego. En algún punto quizá exista ese peligro. Un mal golpe lo tiene cualquiera. La abundancia de lagos imprimen carácter a este campo, influyendo mucho tanto en el juego como paisajísticamente.
Este campo está situado justo al lado de un paraje natural, unas doscientas hectáreas de marismas y lagos poblados de aves migratorias, donde existen puntos de observación ornitológica. Se ven flamencos, se ven malvasías, etc.
La casa club es una de las primeras impresiones que se recibe cuando se llega a Playa Serena. Es grande y de reciente construcción, se hizo en 2003 y cuenta con todos los servicios que requiere un club actual. Destaca un magnífico restaurante, que es una referencia en la zona. El campo de prácticas de este club está también a la altura de este gran club del litoral almeriense.
El día que lo visité, el sol brillaba con intensidad y la temperatura era perfecta. El cielo no podía ser más azul ni la luz más intensa. Uno de esos días que parece que no hay nada mejor que jugar al golf. La hierba recién segada y un poco húmeda ejercía un atractivo irresistible.

Como ya viene siendo habitual, jugué la ronda con el profesional de club, Paco Parrón, lo que sin duda ayuda mucho, sobre todo si es la primera vez, como es mi caso, que se pisa este campo, que cuenta con nueve lagos que influyen en el juego de once hoyos, y una intensa vegetación de acacias, pinos y palmeras.
Es importante destacar que éste fue el primer campo de España que se comenzó a regar con agua reciclada. Cuando se construyó la urbanización de Playa Serena se hicieron tres depuradoras para proporcionar agua tratada al campo y a las zonas verdes del área. Ahora hay una nueva depuradora, mucho mayor, que, además de dar agua al campo, la suministra también a varios municipios del entorno.
Playa Serena es un campo que cuenta con un gran predicamento entre los aficionados suecos, que ocupan el campo en buena medida, sobre todo en temporada alta. Hay también socios británicos, españoles, alemanes, pero siempre son los nórdicos los predominantes aquí.
El primer hoyo del recorrido, un par 4 de 334 metros desde amarillas, no plantea en principio excesivas complicaciones. No en vano es el handicap 15 del campo. Hay que tener un poco de cuidado en la salida para no fallar por la derecha. En la izquierda no hay peligro. La entrada a green es un poco estrecha, lo que va a ser una característica en todos los hoyos del campo. También el viento.
Los greenes en general son de tamaño medio, sin caídas excesivas, eso sí, muy protegidos por bunkers a derecha e izquierda.
El hoyo 2 es un par 3 de 173 metros sin ningún obstáculo delante. La única dificultad puede ser la distancia, sobre todo si el viento está en contra. Si se falla green por la izquierda o la derecha, puede caer un doble bogey con facilidad porque hay árboles, arena y los bunkers de rigor, por lo que el approach es muy complicado. Es mejor quedarse corto.
El 3, par 5 de 466 metros y handicap 11, tiene una salida muy cómoda. Para el segundo golpe hay que tener muy en cuenta un lago a la derecha que suele atraer muchas bolas. El green, muy plano, vuelve a tener una entrada muy estrecha. No es difícil entrar de tres si se coloca en calle el segundo golpe.

El 4, par 4 de 389 metros y handicap 1 del campo, es otro cantar. En la caída del drive hay bunkers a la izquierda de la calle, hacia donde ésta hace un pronunciado dogleg. El segundo golpe, largo, casi siempre con madera, nos conduce a un green muy estrecho y protegido.
El 5, otro par 4, de 341 metros y recientemente remodelado, ofrece una salida franca a una calle muy ancha, aunque los fuera de límites a izquierda y derecha parecen estrecharla. La dificultad puede estar en el segundo golpe porque hay agua por la izquierda y un bunker a la derecha.
El 6, par 4 de 359 metros, sigue contando con una calle amplia. Si se falla el driver, nos vamos a encontrar en medio de una gran arboleda de palmeras, acacias, pinos, etc., pero no es fácil llegar ahí. En el tiro a green, la única dificultad que se nos presenta son los bunkers a izquierda y derecha de éste, como siempre. Con la bandera larga, la entrada a la plataforma es mucho menos complicada.
El 7, de 513 metros y handicap 3, es el par 5 más largo del campo. Hace un ligero dogleg a la izquierda. El drive no tiene ningún problema. Pero para el segundo golpe ya nos espera un lago a la izquierda y fuera de límites por la derecha. A veces es mejor jugar corto, antes del agua, aunque el tercer golpe puede ser más largo, porque si hace viento y el tiro no es largo y recto estaremos en problemas.
El 8 es un par 3 de 175 metros protegido por un lago frontal. Sólo por la derecha de green hay una entrada para los que no consigan pasar el agua. El green es ancho y está protegido por sus dos bunkers habituales.
El 9 es un par 4 de 383 metros con un ligero dogleg a la derecha. El drive no tiene problemas si no se quiere arriesgar por la derecha para dejar un segundo golpe más corto. Ahí hay riesgo de fuera de límites. Jugando por la izquierda, el siguiente tiro es muy largo. Nos esperan además dos bunkers, uno frontal al green y otro a la izquierda.
El 10 es un par 4 relativamente corto, de 302 metros, donde es mejor dejar el driver en la bolsa y sacar un hierro o madera 5 o 3. Hay un lago en medio de la calle que se debe sobrevolar para llegar a green. Ésa es la mayor dificultad de este bonito hoyo recientemente reformado.
El 11 es un par 3 de 133 metros, con un lago que ocupa toda la ‘calle’. Es un green con muchas caídas e inclinado hacia el agua. Un putt en bajada es peligroso.

El 12, par 4 de 389 metros y handicap 2 del recorrido, es un auténtico desafío. Hay que dar un buen golpe de salida si queremos llegar de dos a green. Hay que sobrevolar un lago frontal con el primer tiro, que, una vez superado, los problemas decrecen, porque la calle es amplia y es difícil irse de ella. Para el tiro a green, con madera, hay que tener en cuenta cuatro bunkers: uno corto, otro a la derecha y dos más protegiendo la plataforma. También este hoyo ha sufrido una remodelación reciente.
El 13, par 5 de 439 metros, es teóricamente bastante asequible si conseguimos poner el drive en la calle. La dificultad estriba en la salida, con un lago por la derecha que hay que superar. Por la izquierda, la calle se hace más estrecha. El viento de Poniente aumenta las dificultades. El segundo golpe, que puede ser a green, es mucho más fácil. No tiene muchas complicaciones, salvo los dos bunkers de rigor del green y un fuera de límites por la izquierda.
El siguiente hoyo, el 14, es otro par 5, de 423 metros. Se puede utilizar el driver de salida pero hay fuera de límites a derecha e izquierda en una calle que no es muy ancha. Un gran lago atraviesa la calle, complicando el segundo golpe. Si conseguimos superar el agua, el tercer tiro puede ser un chip que nos facilite el birdie. Siempre es agradable ver nadar a los cisnes. Con una buena pegada, es factible el green de dos, pese a un bunker frontal. Es un hoyo relativamente fácil, pero donde también puede caer un doble bogey si nos confiamos en exceso.

El 15, par 4 de 318 metros, no es tampoco muy complicado. Con un ligero dogleg a la izquierda, el peligro radica en la salida con driver porque hay un lago en esa zona de la calle. Fallar por la derecha, a pesar de los árboles, tiene más escapatoria. La entrada al green, con un ligero piano, no es complicada.
El 16, otro par 4, de 343 metros, también dibuja un ligero dogleg a la izquierda. La salida con madera o hierro largo, cerrando la bola, es la receta ideal para salvar el par. La entrada a un green amplio es franca y sin complicaciones.
El 17, par 3 de 176 metros, cuenta con un green en alto, donde a la bola, si no la colocas de vuelo, le espera un bunker frontal de media luna al que van a parar todas las que no coronan.

Para acabar el recorrido, el último hoyo, de 319 metros, es también el handicap 18. La salida no ofrece problemas. El segundo golpe, con bunkers antes del green y rodeándolo, puede complicarse si no se llega nítidamente.
La visión de la casa club y la idea del ‘hoyo 19’ que nos espera es reconfortante, aunque aquí siempre quedará ese regusto de poder haber hecho mejor las cosas y el deseo de volver a jugar este campo casi de forma inmediata. Ya sentado en el club house, reformado recientemente, con una cerveza en la mano y con vistas impresionantes al mar, al campo de golf y a Sierra Nevada, las ganas de volver a hacer otros 18 hoyos se mitigan bastante. Otro día será. Seguro.
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