

Woods, que desde hace unas semanas ya no está por primera vez entre los primeros 100 clasificados del ranking mundial, disputará su vigésimo primer Master y lo hace tras casi dos meses sin competir y después de unos pésimos resultados en sus últimas apariciones. Habrá que ver en qué estado de forma regresa al Augusta National, aunque es seguro que no lo hará como cuando ganó sus títulos, el primero en 1997 y el último en 2005. “Estoy entusiasmado por regresar y volver a jugar a este nivel”, dice el californiano ganador de catorce grandes. “Siento que mi juego por fin está listo para competir al máximo nivel. Nadie puede llegar a entender todo lo que he trabajado para volver, he trabajado de sol a sol”.
Sobre su joven compatriota Spieth, de 21 años, con una victoria esta temporada y que quedó segundo el año pasado en el Masters, Tiger comenta que él ganó la primera vez en Augusta cuando Spieth “todavía llevaba pañales”. Reconoce el ex número uno del mundo que hay una nueva generación de jóvenes pisando fuerte y que “el juego ha evolucionado mucho desde que yo empecé en la élite”.
Ayer Tiger fue uno de los primeros en aparecer por la calle del 1. Completó nueve hoyos junto a su amigo Mark O’Meara y bajo la atenta mirada de una legión de admiradores, que al igual que el lunes escrutaban su juego deseosos de percibir cualquier signo que confirme que su ídolo está de vuelta. “He visto de nuevo al viejo Tiger”, aseguró posteriormente O’Meara, ganador del Masters de 1998 y uno de los mejores amigos de Woods en el PGA Tour.
Tres españoles estarán entre los 98 jugadores en liza en Augusta National: Sergio García, Miguel Ángel Jiménez y José María Olazábal. El castellonense, noveno en el ranking mundial, es el que llega en un mejor momento de juego, aunque nunca hay que descartar el talento del malagueño, que el año pasado quedó cuarto en el famoso campo de Georgia.
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